La broma le puede costar 1.500 euros, ya que está prohibido que los corredores graben con dispositivos durante el encierro.

Durante los pasados Sanfermines, Internet ha vibrado con un vídeo grabado desde el interior del encierro en Pamplona usando las Meta AI Glasses, las gafas inteligentes surgidas de la alianza entre Meta y Ray-Ban.
El clip, viral en redes sociales, ofrece una experiencia de altísima tensión: captar la carrera desde dentro del tumulto, en primera persona y sin necesidad de alzar el teléfono.
Una perspectiva tan cercana que, desde casa, casi se siente el latido del riesgo. Pero esta inmersión plantea una pregunta incómoda: ¿es responsable utilizar esta tecnología en un evento de tal peligrosidad?.
El vídeo muestra al usuario en un lateral de la calle Estafeta mientras los astados embisten con fuerza y los corredores intentan esquivarlos.
Un toro rezagado incrementa la tensión y el dramatismo, mientras la cámara integrada en las gafas graba sin interrupción. Sin embargo, su uso supone más que una simple imprudencia.
La normativa municipal de Pamplona prohíbe explícitamente utilizar cualquier medio grabador de imagen y sonido en el recorrido del encierro, incluidos teléfonos móviles, cámaras y otros dispositivos que puedan distraer o alterar el comportamiento tanto de corredores como de toros.
La finalidad de esta norma no es trivial: preservar la seguridad y evitar distracciones que puedan derivar en accidentes graves.
El jefe de la Policía Municipal lo ha dejado claro en declaraciones recientes: cualquier aparato que, por su uso, ponga en riesgo la seguridad puede ser objeto de denuncia.
Las sanciones previstas para quienes infringen esta normativa oscilan entre 750 y 1.500 euros, dependiendo de la gravedad de la infracción y del riesgo generado para el resto de corredores.
En casos especialmente graves, o cuando exista reincidencia, las sanciones podrían superar estas cifras.
Quienes defienden el uso de las Meta AI Glasses argumentan que, al ser un dispositivo de manos libres, permiten grabar sin distracción aparente, al contrario que un móvil, que requiere sujetarlo y mirar su pantalla.
Las gafas integran una cámara discreta en la montura, controlable por comandos de voz, y su diseño parece pensado precisamente para este tipo de capturas en movimiento.
Pero en un encierro, donde cada segundo es decisivo y donde cualquier mínimo error puede tener consecuencias fatales, no se trata sólo de las manos: también está en juego la atención, la capacidad de reacción y la concentración total en la carrera y en los movimientos imprevisibles de los animales.
El vídeo viral, además, revela que no es un caso aislado. En sus imágenes se aprecian numerosos corredores que, en plena carrera, sujetan sus teléfonos móviles grabando la escena, algunos incluso en modo selfie.
Este fenómeno no es nuevo pero sí creciente, y plantea un reto añadido a las autoridades: la dificultad de controlar y sancionar a quienes anteponen la captación de imágenes al cumplimiento de las normas de seguridad.
Aunque la normativa vigente no menciona de manera específica dispositivos como las gafas de Meta, su espíritu es inequívoco: cualquier medio que pueda interferir en la seguridad está prohibido.
Y en ese contexto, las gafas, aunque discretas, entran de lleno en la discusión legal y ética.Además del debate normativo, lo que subyace es una transformación cultural.
Se impone una lógica donde el objetivo ya no es tanto vivir la experiencia del encierro como registrarla y compartirla en redes sociales.
Las gafas inteligentes encajan perfectamente en esta tendencia, al ofrecer la posibilidad de mostrar al mundo cómo se vive desde dentro una tradición centenaria.
En un evento donde la concentración puede marcar la diferencia entre salir ileso o resultar gravemente herido, cualquier distracción, incluso la más sutil, puede ser peligrosa.
Tampoco debe ignorarse el impacto que esta tecnología puede tener sobre la privacidad de quienes corren.
Algunos ya advierten que estas gafas podrían estar grabando a corredores y espectadores sin su consentimiento, abriendo otro frente de conflicto en torno al uso ético de las nuevas tecnologías en espacios públicos y eventos masivos.
Por ahora, las autoridades locales no han anunciado una modificación de la normativa para incluir expresamente las gafas de grabación en la lista de dispositivos prohibidos.
Sin embargo, la polémica está servida y es probable que este vacío legal no dure mucho tiempo.



