Este lunes 8 de septiembre, dos gigantes de la gastronomía latinoamericana se disputan el título del desayuno más querido del mundo digital: el pan con chicharrón de Perú o la arepa de Venezuela.

La final del Mundial de Desayunos no es solo una elección entre dos platos. Es un enfrentamiento entre identidades, sabores, memorias familiares y orgullo nacional.
El torneo, ideado y organizado por el popular streamer español Ibai Llanos, ha sido un fenómeno sin precedentes en redes sociales.
Con cientos de millones de interacciones acumuladas a lo largo de varias semanas, ha puesto sobre la mesa la importancia de la comida como símbolo cultural.
Cada plato representa más que una receta: es una historia que los países han sabido contar con sabor.
Las semifinales ya anticipaban el choque de titanes. Perú, con su tradicional pan con chicharrón, logró una aplastante victoria contra la marraqueta con palta de Chile.
El resultado no fue solo contundente en términos culinarios, sino también numéricamente: casi 10 millones de votos avalaron la elección peruana, en una jornada que sumó más de 17 millones de participaciones.
En paralelo, Venezuela derrotó por escaso margen a Bolivia (5,5 millones frente a 5,2 millones de votos), consolidando el otro lugar en la gran final.
Los organizadores no dudan en afirmar que esta puede ser la votación más alta de todo el campeonato.
La comunidad digital, especialmente en Latinoamérica, se ha volcado con fervor a apoyar a sus platos insignia.
Memes, campañas, videos, influencers y hasta restaurantes se han sumado a la batalla, promoviendo la receta nacional con orgullo casi patriótico.
Por un lado, el pan con chicharrón es mucho más que un desayuno en Perú. Es parte del ritual dominical, una escena recurrente en mercados y cafeterías desde las primeras horas del día.
Consiste en pan fresco relleno de carne de cerdo frita, camote dorado y salsa criolla.
Cada mordida ofrece una combinación explosiva de texturas: la crocancia del pan, lo jugoso del cerdo, la suavidad del camote y el toque cítrico de la cebolla con limón.
Es el tipo de plato que une generaciones y trasciende clases sociales. Se sirve tanto en puestos ambulantes como en restaurantes gourmet.
Del otro lado, Venezuela presenta a su embajadora más célebre: la arepa reina pepiada.
Este ícono de la cocina venezolana nació en Caracas a mediados del siglo XX.
Su origen es tan entrañable como delicioso: la familia Álvarez, emigrantes andinos instalados en el barrio caraqueño de El Guarataro, combinó pollo desmechado, aguacate, mayonesa, ajo, cebolla y cilantro en una mezcla cremosa que servirían dentro de una arepa recién hecha.
El nombre “reina pepiada” fue un homenaje a Susana Duijm, Miss Mundo 1955, a quien consideraban una verdadera “reina”.
Con el tiempo, esta creación se convirtió en un símbolo nacional, amado tanto dentro como fuera de Venezuela.
El enfrentamiento final entre ambos platos no es solo gastronómico, es emocional. Cada votante no está eligiendo un simple desayuno; está votando por su infancia, por los fines de semana en casa de la abuela, por los sabores que les contaron quiénes son.
No es casualidad que este Mundial de Desayunos haya desatado campañas masivas en redes, donde el fervor no tiene nada que envidiarle a un partido de fútbol.
Y es que el torneo de Ibai Llanos ha sido todo un laboratorio de identidad digital. Ha demostrado que el sentido de pertenencia también se manifiesta a través del gusto.
Cada plato eliminado provocaba lamentos públicos, mientras que cada clasificación era motivo de festejo.
El streamer español, conocido por sus grandes eventos en Twitch, ha logrado algo que ni siquiera la diplomacia consigue con frecuencia: unir a países enteros alrededor de una mesa virtual.
Además, el impacto económico del evento no puede subestimarse, ha sido una locura.
Restaurantes han reportado aumentos en la demanda de los platos participantes, influencers gastronómicos han ganado decenas de miles de seguidores y marcas de productos locales se han colado en la conversación con ofertas temáticas.
Lo que comenzó como un torneo divertido, se convirtió en una herramienta de marketing nacional.
Para la final, tanto en Lima como en Caracas se anticipan celebraciones multitudinarias. En Perú, ya circulan convocatorias para desayunar pan con chicharrón en grupo mientras se emiten las votaciones.
En Venezuela, panaderías y areperas han prometido promociones especiales si la reina pepiada se corona campeona. En ambas capitales, la emoción ya se siente en las calles.
Pero más allá del resultado, lo que queda claro es que el Mundial de Desayunos de Ibai Llanos ha revalorizado la importancia del desayuno como acto cultural.
Lo que antes era considerado una comida menor, hoy protagoniza debates, titulares y trending topics. Y lo ha hecho no por extravagancia, sino por autenticidad.
Porque tanto el pan con chicharrón como la reina pepiada son platos honestos, populares y profundamente conectados a sus raíces.
Este lunes, los votos definirán cuál de los dos merece la corona. Pero gane quien gane, lo cierto es que tanto
Perú como Venezuela ya han conquistado algo más importante: el corazón y el apetito de millones de personas en todo el mundo.
Y en un tiempo donde las redes suelen dividir, que un torneo de comida logre unir es, sin duda, el verdadero triunfo.
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