El Mundial de Desayunos de Ibai Llanos desata la locura en Tik Tok

16 países compiten por ser el mejor desayuno del mundo y la rivalidad en las redes es tremenda.

Ibai Llanos lo ha vuelto a hacer. Cada cierto tiempo el streamer español encuentra la manera de crear un evento capaz de unir a millones de personas frente a una pantalla, y esta vez el pretexto ha sido la comida.

Su idea de organizar un Mundial de Desayunos, con dieciséis países representados por sus platos más característicos de la mañana, ha convertido a TikTok en un campo de batalla en el que no solo se disputan likes, sino también identidades nacionales y orgullo cultural.

Lo que podría haber sido un juego más dentro de su vasto repertorio se ha transformado en un fenómeno viral que mezcla humor, gastronomía y polémica a partes iguales.

El formato es tan simple como efectivo: Ibai publica un vídeo con los dos contendientes de cada duelo, fija un comentario para cada país y el público decide con un like quién avanza a la siguiente fase.

No hay árbitros, no hay jurado especializado, solo el veredicto de las masas. La dinámica arranca en octavos de final, sigue con cuartos, semifinales y una gran final que coronará al “mejor desayuno del mundo”.

El hecho de que la decisión recaiga en la audiencia lo convierte en un torneo abierto, imprevisible y cargado de sorpresas, porque lo que está en juego no es solo el sabor de un plato, sino la capacidad de una comunidad para movilizarse en redes.

El choque inaugural ya anticipaba el tono del campeonato: pan con chicharrón peruano contra chilaquiles mexicanos.

Dos propuestas contundentes, llenas de identidad y tradición, que movilizaron a sus respectivos países.

El resultado fue apabullante para Perú, que arrasó en votos y obligó al propio Ibai a bromear diciendo que “los peruanos están mal de la cabeza” por la intensidad con la que defendieron su desayuno.

Esa frase, lanzada con humor, multiplicó el alcance del torneo y convirtió el partido en un tema de conversación más allá de lo gastronómico.

La diplomacia digital quedó a un lado: lo importante era dejar claro que el orgullo culinario no entiende de fronteras.

El Mundial no solo ha logrado la implicación de miles de usuarios anónimos, también ha captado la atención de instituciones, marcas y hasta gobiernos.

En el caso del enfrentamiento entre Perú y México, hasta cuentas oficiales y empresas multinacionales se sumaron a la fiesta digital con mensajes, memes y guiños publicitarios.

Ese salto de lo doméstico a lo institucional confirma que Ibai no solo ha creado un torneo de desayunos, sino un espacio de influencia donde el engagement se mide en millones.

Más allá de la rivalidad entre países, la elección de los dieciséis participantes también ha sido motivo de discusión.

Hay quienes celebran la diversidad de propuestas, con países como Ecuador, España, Francia, Japón, Argentina, Chile o Venezuela defendiendo sus platos matinales, y quienes critican la ausencia de gigantes gastronómicos como Italia, India o China.

La polémica sobre qué naciones merecían estar en el cuadro refleja un aspecto clave del fenómeno: la cocina es identidad, y dejar fuera a ciertos referentes es interpretado como una afrenta cultural.

Ecuador, por ejemplo, compite con su tradicional bolón de verde, un plato elaborado con plátano majado, queso y chicharrón.

El propio Ibai lo presentó como la opción ecuatoriana definitiva, aunque en el país hay voces que recuerdan que otras recetas como el encebollado o el tigrillo también podían haber representado su desayuno nacional.

Esa discusión interna es el espejo de lo que está ocurriendo en todo el torneo: cada elección abre un debate, cada ausencia genera críticas, cada voto es un gesto de pertenencia.

Chefs de renombre tampoco se han mantenido al margen. Algunos han elogiado la iniciativa como un soplo de aire fresco que acerca la gastronomía a un público joven que no suele consumir programas de cocina tradicionales.

Para otros, en cambio, el riesgo está en simplificar o descontextualizar recetas que en su forma original son más complejas.

El pan con chicharrón peruano, por ejemplo, suele servirse acompañado de cebolla roja o hierbabuena, algo que no se reflejó en el torneo y que fue señalado por especialistas como una omisión que resta autenticidad.

Sin embargo, ese debate sobre lo “auténtico” parece importar poco a la audiencia, que disfruta del formato como un juego colectivo.

La clave del éxito de Ibai radica en que no se trata de un concurso gastronómico académico, sino de una experiencia de comunidad.

El Mundial de Desayunos funciona como una excusa para reírse, discutir y defender el plato propio, mientras se descubren costumbres culinarias de países lejanos. En otras palabras, es tanto entretenimiento como divulgación cultural.

Lo que convierte a este torneo en un fenómeno único es la forma en que se entrecruzan el orgullo nacional y la lógica de las redes sociales.

En cada duelo no solo se compite con sabores, se compite con memes, con hashtags, con la capacidad de movilizar a una diáspora digital dispuesta a dar like por su tierra.

La victoria no siempre dependerá del plato más delicioso, sino de la comunidad más activa. Y ahí es donde Ibai ha demostrado, una vez más, su talento para convertir lo cotidiano en espectáculo global.

El Mundial de Desayunos todavía tiene mucho recorrido, pero ya ha dejado claro que la cocina puede ser tan viral como el deporte o la música si se presenta con el lenguaje adecuado.

Lo que comenzó como una idea divertida ya es un acontecimiento digital que mezcla gastronomía, humor y patriotismo.

Los próximos duelos prometen ser aún más intensos, con enfrentamientos entre gigantes culinarios europeos, propuestas exóticas de Asia y platos populares de América Latina.

La gran incógnita es qué país logrará movilizar a su gente hasta el final, porque aquí no basta con tener un buen desayuno: hay que demostrar que se tiene una hinchada dispuesta a pelear por él.

En definitiva, Ibai ha vuelto a marcar tendencia. Su Mundial de Desayunos no es solo un torneo en TikTok, es una radiografía de cómo se construye la identidad digital en pleno 2025.

En la era de los likes, la gastronomía se convierte en bandera y los desayunos en armas simbólicas. La pregunta ya no es cuál es el mejor desayuno del mundo, sino qué comunidad está dispuesta a demostrar que el suyo merece levantar la copa.

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