Auronplay cuenta su última borrachera: ron cola, Fernet, un cigarro perdido y KO

Lo que empezó como una noche romántica en Viena con su novia, acabó con: “No sé ni cómo llegué a la habitación”.

Hay algo que siempre funciona en el universo de los streamers: las confesiones personales.

Más allá de los videojuegos, los eventos masivos o las colaboraciones entre creadores, lo que realmente engancha a la audiencia es ese momento en que una figura pública se baja del pedestal, se ríe de sí misma y cuenta una anécdota que podría haber vivido cualquiera.

Y Auronplay, con la soltura que le caracteriza, ha vuelto a hacerlo.

Durante uno de sus últimos directos, el popular streamer catalán decidió compartir con su comunidad cómo fue su última gran borrachera.

Lo hizo con un tono entre nostálgico y divertido, rememorando una noche de excesos que terminó en blanco: literalmente no recuerda cómo llegó a su habitación de hotel.

“No sé ni cómo llegué”, confesó entre risas, dejando a sus seguidores entre sorprendidos y encantados por su sinceridad.

La historia comenzó cuando alguien en el chat mencionó el fernet, esa bebida amarga y potente que no deja indiferente a nadie.

Fue la excusa perfecta para que Auron se lanzara a contar lo que, según él, fue la última vez que se emborrachó de verdad.

El contexto: un viaje a Viena con su pareja, hace casi un año. Una escapada que, en principio, iba a ser tranquila, pero que terminó con un relato digno de cualquier noche de juventud.

Auron explicó que los vuelos suelen dejarlo bastante cansado, pero ese día se sentía especialmente animado.

Así que decidió salir a tomar algo, sin mayores pretensiones. Acabó en un pub irlandés, ese tipo de lugares donde todo puede pasar.

“Primero fueron dos ron-cola para calentar, que el tío ponía más ron que cola… yo ya iba flying, iba volando”, recordó. Pero no se detuvo ahí.

En un momento dado, vio en la vitrina del local una botella de fernet y se le encendió la chispa. Le dijo a su pareja: “Vamos a probar algo rico, ya verás”.

Y ahí empezó la parte que Auron ya no puede contar con certeza. Tras beber el fernet, salió a fumarse un cigarro. O eso cree.

Porque no recuerda ni siquiera si lo encendió. Lo siguiente que tiene registrado es que le escribió a su pareja para decirle que se fueran, que se encontraba mal.

Le dio un mareo fuerte y, según sus cálculos, todavía quedaban unos tres kilómetros hasta el hotel. ¿Qué pasó en ese trayecto? Ni idea. “Llegué a la habitación, no sé ni cómo llegué”, repitió entre carcajadas.

La anécdota, contada en tono desenfadado, revela también otra capa del personaje. Auron no es el mismo de hace diez años.

Él mismo reconoció que ya no aguanta como antes. Que el alcohol, como muchas otras cosas, pesa distinto con los años.

Y que esa noche en Viena fue una llamada de atención: una mezcla de nostalgia por los tiempos en los que salir de fiesta no tenía consecuencias, y conciencia de que ahora su cuerpo y su cabeza responden de otra manera.

Pero más allá de la historia en sí, lo interesante es el gesto de contarla. En un entorno como el del streaming, donde todo está bajo el escrutinio del público, hablar de una borrachera no es una decisión menor.

Puede parecer una anécdota inofensiva, pero también abre la puerta a interpretaciones, críticas y polémicas.

Porque siempre habrá quien piense que no se deben normalizar ciertos comportamientos. O quien aproveche para lanzar reproches.

Pero Auron lo tiene claro: prefiere reírse de sí mismo antes que vivir encorsetado por la corrección política.

Y en eso radica gran parte de su éxito. La capacidad de mostrarse humano, falible, real. Sus seguidores no buscan un ídolo perfecto, sino alguien con quien puedan identificarse.

Alguien que, como ellos, también tiene noches en blanco, decisiones impulsivas y resacas físicas o emocionales. Auronplay no necesita fingir ser alguien que no es.

Al contrario, cuanto más se permite ser él mismo, más conecta con su comunidad.

Es interesante observar cómo estos episodios, que podrían parecer menores, se convierten en virales. Porque, en el fondo, todos hemos tenido una noche como la de Auron.

Todos hemos perdido la noción del tiempo, nos hemos pasado de copas o hemos terminado en un lugar sin saber exactamente cómo.

Que alguien como él lo cuente con naturalidad no solo entretiene, también normaliza ciertas vivencias sin caer en la glorificación del exceso.

Lo cierto es que esta confesión se suma a otras muchas que Auron ha hecho en los últimos años.

Ha hablado de ansiedad, de la presión de estar siempre creando, de sus dudas y de sus momentos de bajón.

Y eso, lejos de debilitarlo, lo ha fortalecido. Porque ser transparente, en tiempos de filtros y personajes prefabricados, es un acto de valentía.