Laura Escanes se ha convertido en una de las figuras más reconocidas del ecosistema influencer español.
Nacida el 13 de abril de 1996 en Barcelona, esta catalana no solo ha conquistado las redes sociales, sino que ha sabido reinventarse como empresaria, presentadora y creadora de contenido.
Con casi dos millones de seguidores en Instagram, su influencia va mucho más allá de una simple publicación o colaboración publicitaria.
Es, para bien o para mal, uno de esos nombres que despierta pasiones, críticas, admiración y sobre todo, conversación.

Desde muy joven, Laura mostró inquietudes creativas y comunicativas.
En su infancia, practicó natación en el Club Natació Sabadell y luego se volcó durante tres años al vóley.
Soñaba con ser presentadora de noticias, tener una peluquería o incluso ser pescadera.
Una mezcla de sueños comunes y aspiraciones mediáticas que marcarían el camino de una joven que no tardaría en hacerse un hueco en el mundo digital.
A los 16 años ya hacía prácticas en Radio Sabadell, donde escribía titulares y soñaba con el micrófono en mano.
Poco después, comenzó a estudiar Humanidades, aunque no tardó en cambiarse a Periodismo, carrera que abandonó temporalmente debido al crecimiento exponencial de su carrera como modelo.
Fue precisamente en ese entorno donde abrió su primera cuenta de Instagram, aconsejada por su padre. Aquella decisión cambiaría su vida para siempre.
El gran salto a la fama llegó con un simple mensaje privado que recibió en su cuenta de Instagram en 2015: «Hola, ¿qué tal?», enviado por el conocido presentador Risto Mejide. Él tenía 41 años. Ella, apenas 19.
La diferencia de edad, 20 años exactos, no tardó en ocupar titulares y convertirse en tema de debate público y mediático. Pero contra todo pronóstico, la relación prosperó.
En mayo de 2017 se casaron en una masía catalana ante 450 invitados, y en 2019 nació su hija Roma, fruto de esa relación.
El nombre de la pequeña no fue casual: es la palabra «amor» al revés, símbolo de lo que significaba para la pareja.
Pese al romanticismo que inundaba sus redes sociales, no todo fue un cuento de hadas. En septiembre de 2022, Laura y Risto anunciaron su separación.
Un proceso emocional que ella misma ha descrito como complejo, con muchas sombras detrás de los focos.
En entrevistas recientes ha admitido haber pasado por momentos muy duros y cómo la terapia ha sido clave para superar etapas difíciles, incluidas críticas destructivas y decisiones personales tan duras como un aborto a los 20 años.
Tras la ruptura, Laura no tardó en rehacer su vida sentimental. Inició una relación con el cantante sevillano Álvaro de Luna, conocido por su paso por «La Voz».
Una historia que tuvo sus altibajos y que, como muchas de sus relaciones, fue seguida en tiempo real por sus seguidores.
En 2025, sorprendió con una nueva pareja: el esquiador andorrano Joan Verdú, con quien asegura sentirse plena y tranquila.
La relación, según sus propias palabras, no comenzó con fuegos artificiales sino con prudencia, aprendida de decepciones anteriores.
Pero ha evolucionado hacia una historia de respeto, admiración mutua y compatibilidad.
A nivel profesional, Laura no ha dejado de diversificarse. Ha lanzado un libro autobiográfico, «Piel de Letra», en el que no ha tenido reparo en hablar de temas tan delicados como el abandono de su padre, la violencia de género que sufrió o la manipulación emocional.
También ha desfilado en pasarelas nacionales e internacionales, ha trabajado con marcas de renombre como Majorica, Intimissimi, GHD o Donna Karan, y ha sido embajadora de Miin Cosméticos.
Además de influencer y modelo, ha demostrado tener visión empresarial. En Madrid, abrió una peluquería especializada en cabellos rubios llamada Blondie, muy popular entre sus colegas del sector.
También ha tenido participación en proyectos gastronómicos y cuenta con varias sociedades vinculadas a la comunicación y representación mediática.
No es una influencer más: ha construido un pequeño imperio desde el móvil.
Pero más allá de los focos, Laura se muestra como una madre entregada. La custodia compartida de Roma ha condicionado sus ritmos laborales y personales.
En sus propias palabras, hay semanas en las que la niña es su mundo, y otras en las que intenta recuperar tiempo para sí misma, viajar, trabajar o simplemente respirar.
Nunca muestra el rostro de su hija, algo que defiende como una forma de proteger su privacidad.
Una decisión que ha despertado tanto aplausos como críticas, pero que habla de una nueva faceta: la de una mujer que ya no se deja arrastrar por la exposición mediática sin filtrar.
Instalada en Madrid, aunque con el corazón aún dividido con Barcelona, Laura mantiene una excelente relación con su madre, Anna, y su hermano pequeño Albert.
Pese a sus altibajos emocionales, hoy dice estar en el mejor momento de su vida. Ha aprendido a quererse, a no complacer a todo el mundo y a poner límites.
Ya no necesita justificar cada paso que da, ni cada relación que inicia o finaliza. Ha pasado de ser la “niña de Risto” a una mujer hecha a sí misma.
Con 29 años recién cumplidos, Laura Escanes es mucho más que una influencer. Es una figura pública que ha sabido resistir al desgaste de la fama, reinventarse profesionalmente y usar su vulnerabilidad como escudo.
Una mujer que ha hecho de su historia un motor para seguir creciendo. Y lo más importante: que ha aprendido a no pedir permiso para ser quien es.
Porque si algo ha demostrado Laura Escanes es que no necesita la aprobación de nadie para brillar. Y lo hace. Cada día. En cada post. En cada paso. Con o sin filtros.
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