Diego Iglesias, mas conocido como Guanyar, no es solo un de éxito digital, sino de reinvención, constancia y cercanía con una comunidad que ha crecido paso a paso con él.
Con apenas unos años en el foco mediático, Guanyar ha logrado lo que muchos streamers sueñan: ser relevante, querido y, sobre todo, distinto.
Porque si algo define a Guanyar, es que no ha seguido el camino fácil ni el guion habitual del influencer promedio.

Nacido el 28 de agosto de 1997, en la ciudad gallega de Santiago de Compostela, Guanyar no parecía destinado desde pequeño a ser una estrella de internet.
Amante del fútbol y fanático declarado del Barça, su juventud estuvo marcada por el deporte más que por las pantallas.
Incluso su alias nace de esa mezcla entre el amor por el club culé y el equipo de fútbol sala en el que jugaba, “Autos Lobelle”.
De la palabra catalana «guanyar» (ganar) y su equipo, surgió su primer intento de nombre digital: “guanyalobe”, que terminó evolucionando por comodidad en el actual “Guanyar”.
Su carrera digital comenzó en 2013 con un canal de YouTube que, en aquel entonces, poco tenía de especial.
No fue hasta 2020 que su actividad en redes empezó a despegar con contenido reciclado de sus primeras transmisiones en Twitch.
Fue esa plataforma, la que se convertiría en su cuartel general. Aunque comenzó con directos de Call of Duty y otros videojuegos, su gran golpe de timón llegó en 2021, cuando apostó por un formato más íntimo y cercano: los streams IRL (In Real Life), en los que la interacción directa con su audiencia se convirtió en el centro de su propuesta.
Mientras otros streamers explotaban videojuegos y colaboraciones espectaculares, Guanyar se consolidó hablando, caminando, contando.
Su éxito fue lento pero seguro, construyendo una base sólida de seguidores que valoraban la autenticidad por encima del espectáculo.
Su ascenso coincidió con los meses más duros de la pandemia, cuando la gente buscaba algo más que entretenimiento: buscaba conexión. Guanyar lo ofrecía.
Hoy, con millones de seguidores entre Twitch, YouTube e Instagram, su presencia es indiscutible en la escena digital española.
Ha formado parte de proyectos de peso como el Partidazo de Youtubers junto a DJMario y se integró en Team Heretics, uno de los clubes de eSports más importantes del país.
Esta colaboración le dio aún más visibilidad y lo convirtió en una cara habitual entre los grandes del streaming.
Pero no todo ha sido fácil. En lo personal, Guanyar ha lidiado con momentos oscuros, incluida una etapa de fuerte bajón emocional que lo llevó a perder más de 20 kilos.
Fue él mismo quien decidió cambiar el rumbo, recuperarse y salir adelante, algo que sus seguidores valoran profundamente.
En entrevistas ha confesado que, en los peores momentos, se refugiaba en los videojuegos, dedicando hasta ocho horas diarias a jugar, soñando con vivir de ello. Y lo logró.
A pesar de que su madre al principio no apoyaba su decisión de dejar la universidad para dedicarse a hacer directos, el tiempo, los números y el talento terminaron por convencerla.
Guanyar es hoy una figura pública con influencia global, aunque mantiene los pies en la tierra y un perfil alejado de las excentricidades que a menudo rodean al mundo influencer.
Uno de los momentos más icónicos y duros de su carrera fue su participación en “La Velada del Año 4” en 2024.
Enfrentado al temido La Cobra, Guanyar se subió al ring con determinación pero también con un riesgo del que luego se arrepentiría.
En el primer round se dislocó el hombro, pero aun así insistió en continuar. El árbitro quiso parar la pelea, pero Guanyar se negó.
El resultado: no pudo terminar el combate y la victoria fue para su oponente. Días después, confesó que fue un error continuar en esas condiciones: “Pensándolo en frío, lo que he hecho es una locura”.
Esa sinceridad, lejos de restarle, le sumó aún más respeto. La pelea fue una de las más comentadas en redes, no solo por su dureza sino por la historia humana detrás: la del chico que lo dio todo, incluso cuando su cuerpo le pedía parar.
Una historia que, como tantas otras en su carrera, conecta con la gente porque habla de errores, de valentía y de honestidad.
La figura de Guanyar ha ido creciendo también en eventos como los ESLAND, donde fue nominado en 2024 al mejor clip del año, un galardón que acabó ganando.
Además, ha sido recurrente el interés por aspectos más íntimos de su vida. En internet se han viralizado búsquedas sobre un supuesto “pack de Guanyar”, es decir, contenido comprometido o personal.
Pero lo cierto es que no existe ningún material privado circulando: su presencia online es profesional, cuidada y enfocada exclusivamente en su trabajo como streamer.
Sobre su fortuna, hay especulaciones. Portales especializados lanzan estimaciones, pero no hay datos oficiales.
Lo que sí es evidente es que su crecimiento, las colaboraciones con marcas, la monetización de sus contenidos y su participación en eventos de alto perfil le han generado ingresos considerables.
Pero él ha preferido no presumir de cifras, dejando que sea su contenido el que hable por él.
Una de las curiosidades que más sorprenden es que, al inicio de su carrera, logró acumular más de 300 mil seguidores en menos de 10 meses y llegaba a hacer directos de hasta 16 horas.
Ese nivel de entrega no es casualidad: responde a una ambición clara y a una capacidad de trabajo admirable.
Su pasión por la música de Quevedo y su amor por el fútbol son detalles que lo humanizan aún más, acercándolo a una audiencia que no busca ídolos inalcanzables, sino personas reales con historias reales.
La historia de Guanyar es, en última instancia, la historia de cómo se puede triunfar en el mundo digital sin perder la esencia.
De cómo el talento, la cercanía y la capacidad de reinventarse valen más que el ruido o la polémica fácil.
Desde sus inicios en Galicia hasta los eventos más grandes del stream hispano, Diego Iglesias ha demostrado que se puede ganar o, en su caso, “guanyar” sin traicionar quién eres.
Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa.
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