Santiago Caamaño, más conocido como Champi Muros, es uno de los nombres más reconocibles del humor digital gallego.
Nacido en 1993 en el municipio de Muros, en A Coruña, eligió su nombre artístico combinando el apodo con el que lo conocían desde pequeño, “Champi”, con el nombre de su pueblo.
Esta decisión no fue solo una elección de marca, sino una forma clara de señalar sus raíces y el vínculo afectivo que mantiene con su tierra.

Antes de consolidarse como creador de contenido,
Santiago atravesó momentos personales complejos, especialmente por su lucha con la ludopatía.
Lejos de ocultar esa parte de su vida, ha convertido esa experiencia en una herramienta de denuncia y concienciación.
Su historia personal marca profundamente su forma de comunicar.
Desde sus inicios, ha demostrado que el humor puede ser también una forma de reivindicación, de sanación personal y de conexión honesta con quienes atraviesan problemas similares.
Para él, hacer reír no es solo entretenimiento, sino también una forma de tender la mano a quienes lo necesitan.
Su humor se ha caracterizado por el uso continuo de dobles sentidos, juegos de palabras y referencias cercanas a la vida cotidiana.
Aunque sus vídeos son cortos, su impacto es profundo. En tan solo unos segundos logra plantear situaciones absurdas, sátiras directas a la actualidad o ironías sobre temas sociales.
Una de sus máximas es que si en los primeros tres segundos del vídeo no hay un chiste, ese contenido está condenado a no funcionar.
Esta afirmación no solo describe su forma de trabajar, sino que refleja el análisis constante que hace de la dinámica de las redes y de cómo mantener la atención de su audiencia.
Champi Muros no solo encontró en internet un canal para expresarse, sino también una plataforma desde la que construir una comunidad.
En TikTok, su estilo fresco y directo le permitió alcanzar más de 400.000 seguidores, y en Instagram logró reunir a una comunidad de 600.000 personas.
Lo más llamativo es que todo ese crecimiento se dio sin apoyarse en una gran infraestructura ni campañas publicitarias.
Publicando hasta cuatro vídeos diarios, desde su casa y con una producción modesta, consiguió hacerse un hueco entre los creadores más relevantes del panorama gallego.
Su impacto no se ha limitado al ámbito digital. En 2023 compartió escenario con referentes del humor como Rober Bodegas y Roberto Vilar, algo que no solo consolidó su presencia en el mundo del espectáculo, sino que también demostró que su talento trasciende las pantallas.
Aunque ha admitido que el formato en directo le da cierto respeto, también ha declarado que le gustaría desarrollar esa faceta y llevar su humor a teatros y escenarios por todo el país.
A diferencia de otros creadores de contenido que se centran únicamente en generar seguidores, Champi ha defendido firmemente sus principios.
En más de una ocasión ha rechazado ofertas publicitarias por no alinearse con sus valores. En una de las más comentadas, decidió no colaborar con una empresa de apuestas que le ofrecía 22.000 euros, simplemente porque considera que ese tipo de contenidos atentan contra la salud mental de los jóvenes.
Esa coherencia lo ha convertido en una figura respetada dentro y fuera de las redes sociales.
Además de hablar sobre adicciones, también ha entrado en polémicas por señalar prácticas cuestionables de otros influencers.
No ha tenido reparos en criticar a figuras públicas que, en su opinión, se aprovechan del dolor ajeno o se enriquecen a costa del trabajo de otros creadores.
Lejos de retractarse, ha mantenido esas posturas con claridad, convencido de que el humor también puede y debe señalar lo que no funciona.
Aunque su día a día transcurre entre grabaciones, edición y contacto con sus seguidores, Champi no pierde de vista su bienestar personal.
Acude a terapia, reconoce la importancia de la salud mental y se muestra vulnerable cuando es necesario. Ha contado cómo le afectaban los comentarios negativos y cómo ha aprendido a gestionarlos sin perder su esencia.
Esa naturalidad es probablemente una de las claves de su éxito: no se presenta como un personaje ficticio, sino como alguien que comparte sus vivencias, se ríe de sí mismo y observa el mundo con una mirada crítica, pero siempre cómplice.
Hoy, Champi Muros es mucho más que un influencer o un tiktoker. Es un narrador cotidiano que ha sabido traducir su historia personal en un lenguaje universal: el del humor con fondo.
No busca una fama efímera ni persigue grandes cifras, sino poder vivir con tranquilidad, seguir creando y mantenerse fiel a su identidad.
Le basta con poder hacer la compra sin mirar precios, seguir disfrutando de su día a día y mantener la conexión con una audiencia que lo valora precisamente por eso: por ser quien es, sin filtros ni artificios.
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