El streamer español ha prendido fuego a las redes sociales con un nuevo formato que nadie esperaba pero que ahora todos comentan: el Mundial de Desayunos.

Ibai Llanos lo ha vuelto a hacer. Con un simple vídeo, logró activar millones de visualizaciones, cientos de miles de votos y, sobre todo, una guerra internacional entre comunidades gastronómicas.
Y sí, los dos grandes protagonistas de esta primera batalla han sido Perú y México.
Todo comenzó cuando Ibai presentó el formato. Dieciséis países competirían en duelos al estilo Copa del Mundo, donde sus respectivos desayunos lucharían por ganarse el favor del público.
No hay jurado profesional ni chef con estrella Michelin, aquí el juez es el pueblo: la audiencia decide con sus votos en redes sociales quién avanza de ronda.
El juego es simple pero brutalmente efectivo. Dos comentarios, uno por cada país, y que la gente vote con un “me gusta”.
El primer gran escándalo no tardó en llegar. Ibai emparejó a México con Perú, y lo que parecía una simple elección entre un pan con chicharrón y unos chilaquiles, se transformó en un fenómeno viral con tintes de conflicto diplomático.
Los mexicanos, fieles defensores de su cocina, reaccionaron con rapidez para corregir a Ibai, que había preparado una versión muy cuestionable de los chilaquiles.
La reacción fue tan intensa que el propio streamer tuvo que salir a pedir disculpas públicas.
Reconoció que su receta no hacía justicia al platillo, que entendía la indignación y que cuando viaje a México este año, irá a probar los verdaderos chilaquiles.
Incluso prometió hacerlo con el mejor chef posible, en el mejor lugar posible, para redimirse del pecado gastronómico que cometió.
Pero mientras México reclamaba respeto y autenticidad, Perú se entregaba al caos. El pan con chicharrón arrasó en votos.
Más de un millón y medio de likes colocaron al país andino como favorito en ese enfrentamiento.
Ibai, al ver la locura desatada, soltó una frase que ya es historia: “Los peruanos están mal de la cabeza”. Lo dijo con humor, entre risas, pero el mensaje era claro.
La intensidad con la que Perú defendía su desayuno no tenía comparación. En la televisión peruana se hablaba del Mundial de Desayunos.
En redes, miles de usuarios creaban memes, videos, análisis y hasta campañas para defender su plato.
La batalla Perú-México es solo un ejemplo del impacto que ha generado este torneo. Enfrentamientos como Colombia vs. Costa Rica o Japón vs.
Chile están despertando el mismo fervor. Pero el choque entre peruanos y mexicanos ha dejado claro que aquí no se discute solo un plato.
Se discuten identidades. Se discute historia, tradición, orgullo nacional. No se vota solo por un desayuno; se vota por lo que representa.
Ibai ha conseguido que millones de personas, que quizás nunca se habrían interesado por un plato ajeno, ahora investiguen, opinen y discutan sobre ingredientes, recetas y sabores.
En este torneo, cada país se convierte en embajador de su cultura culinaria, y cada votación es una especie de referéndum cultural.
Muchos se preguntan si este Mundial está amañado. El propio Ibai lo reconoció en tono de broma: sí, el sorteo fue “totalmente amañado”.
Lo organizó para generar polémica, para que los enfrentamientos encendieran las redes. Y lo consiguió.
No se trata solo de quién tiene el mejor desayuno, sino de cómo se vive la competencia. Ibai no está simplemente compartiendo platos; está provocando una conversación global sobre identidad y pertenencia.
El Mundial de Desayunos es un fenómeno que va más allá del entretenimiento. Es una muestra de cómo la gastronomía puede ser una herramienta de cohesión, pero también de rivalidad.
Nos recuerda que lo que comemos cada mañana es parte de lo que somos, de dónde venimos, y que estamos dispuestos a defenderlo como si fuera un trofeo.
En medio de esta vorágine, Ibai Llanos ha logrado otra cosa: demostrar que, en 2025, no hay formato más viral que el que permite a la gente ser protagonista.
En lugar de dar la palabra a expertos o influencers de comida, ha entregado el poder al público. Y el público está respondiendo con pasión, con memes, con orgullo y con hambre.
Así que sí, puede que la salsa estuviera debajo del plato. Puede que los chilaquiles de Ibai no fueran los más fieles a la tradición.
Pero lo cierto es que, gracias a su “error”, hoy millones de personas saben qué son los chilaquiles y qué es el pan con chicharrón. Y lo más probable es que quieran probarlos.
Ibai ha encendido una llama que no se va a apagar fácilmente. El Mundial de Desayunos apenas comienza y ya está haciendo historia.
Quién gane es lo de menos. Lo importante es que, por fin, el desayuno ha conseguido el lugar que merece: el centro de la conversación global.
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