El nombre detrás del creador de contenido Truco Rumano que triunfa en Tik Tok es Olariu Valentí y vive desde hace años en Almería.
Se hizo conocido en redes sociales por algo tan inesperado como genuino: mostrar cómo se ganaba la vida buscando y recogiendo cobre.
Desde esos primeros vídeos en los que relataba con humildad y determinación su día a día entre restos metálicos, surgió una figura que, sin pretenderlo, ha reventado esquemas, estereotipos y también algunas sensibilidades políticas.

Hoy, Valentín es “Truco Rumano”, uno de los personajes más virales y comentados de las redes.
Lo que comenzó como una simple frase en sus vídeos “Truco Rumano” y « Gambitas for me«,
ha terminado por convertirse en su sello, una marca reconocida por millones de usuarios que consumen su contenido con una mezcla de fascinación, carcajadas y, a veces, polémica.
Porque si hay algo que caracteriza a Olariu es que no se calla nada.
Ni cuando se ríe de los prejuicios sobre los rumanos, ni cuando opina sin filtro sobre la situación del país, ni cuando muestra su desprecio absoluto hacia el PSOE, partido al que critica con frecuencia, ni cuando defiende abiertamente al líder de VOX, Santiago Abascal.
Esta dimensión política ha añadido una capa extra a su personaje. Lejos de ser solo un creador de contenido humorístico, Valentín ha abrazado un rol de comunicador social que mezcla sátira, crítica y activismo.
Y lo hace desde su estilo directo, provocador y, por momentos, incómodo. Su apoyo a VOX no es anecdótico; forma parte de su discurso público.
Utiliza sus vídeos para cuestionar lo que considera una decadencia del sistema, con especial énfasis en los bajos salarios, la falta de oportunidades y lo que él describe como una cultura de conformismo e hipocresía.
Y como la polémica está servida. ¿Cómo puede ser que un persona de origen rumano este tan a favor de VOX?
Pero Olariu no solo lanza dardos a la política; también habla con franqueza de lo que siente. En medio de sus chistes, brotan reflexiones emocionales que sorprenden por su crudeza.
Critica sin tapujos a las personas que, según él, viven desde el juicio, la envidia o la queja constante. En más de una ocasión ha confesado sentirse incomprendido o cansado de una sociedad que aplaude lo superficial y castiga lo auténtico.
Ahí es donde “Truco Rumano” deja de ser un gag viral para convertirse en un personaje profundamente humano.
Y en medio de todo ese huracán de opiniones, humor y verdades incómodas, hay un dato que sus seguidores conocen de sobra y que Valentín repite con orgullo: su comida preferida es mortadela con mostaza.
Puede parecer un detalle irrelevante, pero es un reflejo más de su autenticidad. Mientras otros influencers presumen de sushi o de brunchs imposibles, él se mantiene fiel a lo que le gusta, sin postureo, sin filtros.
Sus vídeos siguen una fórmula que ya es reconocible pero que no pierde efectividad: comienzan con “Truco Rumano”, presentan una situación cotidiana y rematan con una solución creativa que se burla de lo absurdo, de lo exagerado o de lo injusto.
Y mientras las redes aplauden su ingenio, muchos también lo critican. Porque Valentín no busca el agrado, busca el impacto. Y en ese terreno se mueve con una soltura admirable.
El éxito de Truco Rumano no es casualidad. Es el resultado de una estrategia comunicativa que mezcla humor, denuncia y emoción.
Es capaz de atraer a quienes se ríen de sus ocurrencias, pero también a quienes se sienten identificados con su rabia, su inconformismo y su desparpajo. En tiempos donde el silencio cómodo es la norma, Valentín apuesta por decir lo que piensa. Y guste o no, eso es cada vez más raro.
Hay algo casi poético en el recorrido de Olariu Valentín: de recolector de cobre a agitador digital. De víctima de estereotipos a creador de uno nuevo que él mismo controla.
De rumano inmigrante en Almería a altavoz de una generación que está cansada de las mentiras, los sueldos bajos y los discursos huecos. Y todo eso, con mortadela y mostaza en la mochila.
“Truco Rumano” no es solo una broma. Es un personaje que conecta, divide, provoca y, sobre todo, hace pensar. Olariu ha demostrado que, desde lo más cotidiano y aparentemente insignificante, se puede construir una voz potente. Y esa voz, hoy, resuena en toda España.
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